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Psiquiatría de género. Por: María Teresa Villafrade, publicado el 06/05/2007 en la revista "Mujer" de La Tercera, transcripción completa.

El neurólogo y profesor de siquiatría austriaco Raphael Bonelli señala que la relación entre terapeuta y paciente y el éxito de la terapia está seriamente influenciada por el sexo de cada uno. Un tema que para entenderlo hay que remitirse a los orígenes del feminismo y los diversos estudios sobre las diferencias entre los géneros.

El 22 de agosto de 1965 nacieron Bruce y Brian Reimer, gemelos idénticos canadienses que a los ocho meses de edad fueron sometidos a una circuncisión. Desgraciadamente la intervención tuvo malas consecuencias para el pequeño Bruce y su pene resultó destruido.

Sus padres acudieron entonces al doctor John Money, experto en reasignación de sexo del Hospital John Hopkins de Baltimore, quien les aconsejó criar al niño como si fuera una niña.

Al igual que otros 45 casos que él investigaba, su hipótesis principal apuntaba a que durante los primeros tres años de vida era posible cambiar el sexo de una persona usando terapias de estrógeno, la hormona femenina. Así, Brian pasó a convertirse en Brenda.

Entre 1966 y 1980, Money reportó en su estudio, titulado El Caso John/Joan, todos los progresos de Brenda para reafirmar la factibilidad de su teoría en la reasignación de sexo. La mamá del niño, Janet Reimer, dijo a CBS News que no les costó aceptar ese cambio y que "él era una preciosa niñita".

Este emblemático experimento dio origen a muchos libros, entre ellos el de la feminista alemana Alice Schwarzer que llegó a afirmar en 1977 que dar a luz era definitivamente la única diferencia entre un hombre y una mujer. Todo lo demás era artificialmente establecido, una cuestión de identidad mental que es culturalmente impuesta. Refiriéndose a Brenda señaló que después de su pubertad y mediante la construcción de una vagina "ella sería una mujer normal, cuyo único impedimento sería tener bebés".

En 1978, los Reimer fueron presionados por el doctor Money para dar el paso final y someter a Brenda a una cirugía que le crearía una vagina. Sin embargo, la niña comenzó a considerar más traumáticas que rehabilitadoras las visitas al hospital Hopkins y su familia discontinuó los viajes. En 1979, Brenda se negó a operarse y realiza su primer intento de suicidio. Un año después, un sicólogo le revela por primera vez la verdad de su identidad. Ella entiende finalmente por qué nunca le gustó jugar con otras niñas y decide volver a ser hombre. Pide que le inyecten hormonas masculinas (testosterona) y se somete a una mastectomía para eliminar todo rastro de sus senos. Su nuevo nombre pasó a ser David Reimer. Se casó posteriormente, pero nunca pudo tener una vida sexual satisfactoria y el 4 de mayo de 2004 se suicidó.

"Este caso fue durante muchos años la prueba que se utilizó para defender la tesis de que lo único importante es el 'género' y que el sexo se podía cambiar", explica el neurólogo austriaco Raphael Bonelli, profesor de siquiatría en la Universidad Médica de Graz, quien fue invitado por la Universidad de los Andes para dictar un seminario sobre siquiatría de género, sicoterapia y religiosidad.

"Ahora sabemos que las hormonas que el ser humano recibe en la etapa intrauterina son tan marcadoras e intensas que determinan claramente el sexo de una persona, sin importar cuántas hormonas se inyecten posteriormente en la etapa del crecimiento", agrega el experto.

El paradigmático caso en que un niño fue criado como niña y que pese a todo, jamás pudo dejar de ser varón, refleja entre otras cosas que la influencia socio-cultural no es tan importante a la hora de establecer una identidad sexual.

Sin embargo, para entender cómo el doctor John Money, un especialista de la medicina, pudo llegar a creer que era posible revertir hasta tal grado la fuerza de la naturaleza, conviene hacer un repaso de la historia del feminismo.

¿Sexo o género?
\ En un experimento realizado en bebés de un año de vida a quienes se les mostraron imágenes de rostros y de máquinas, las bebitas se fijaron más en las caras en tanto que los bebés varones se sintieron más atraídos por las máquinas (Connellan y Baron-Cohen, 2001).
\ En otro estudio que medía las diferencias de género en la percepción, se determinó que las mujeres recuerdan mejor la apariencia física de otras personas que los hombres (Mast MS, Hall JA 2006).
\ Una investigación en monos arrojó que los de género masculino preferían jugar con camiones y los de género femenino preferían las muñecas (Alexander-Hines, Evolution Human Behavior, 2002).

Los cinco sexos...
La ideología del género es una realidad en Europa. Mientras las niñas a los nueve años quieren casarse y tener muchos hijos, al cumplir los 18 años el sueño cambia: quieren todavía casarse, menos hijos y una carrera. Pero a los 25, la mayoría de las europeas sólo quiere triunfar en sus carreras.

Hasta el siglo XIX se pensaba que hombre y mujer eran muy diferentes: él era activo, ella, pasiva; él era inteligente, ella, bonita. La primera ola del movimiento feminista se produce a comienzos de 1900 con la reivindicación del derecho a voto por parte de las mujeres.

La segunda ola establece por primera vez el concepto de "género" a través de feministas como Simone de Beauvoir, que llegó a decir en su libro El Segundo Sexo (1949) que "una no nace mujer sino que se convierte en mujer mediante la educación". Luego, otra feminista, Judith Butler (1956), aseguró que el "género" es una construcción cultural y las personas pueden decidir qué ser: si repites acciones masculinas, entonces eres un ser masculino. El concepto principal de esta segunda ola es: hombres y mujeres son iguales en todo.

La tercera ola corresponde al posfeminismo y partió en 1990. Hoy se habla del Gender Mainstreaming (La corriente del género) y su objetivo es integrar la igualdad de género en todas las políticas sociales y económicas. "En ciudades como Viena hay letreros en los caminos en que en lugar de un hombre aparece una mujer trabajando como obrera y en lugar de una mujer mudando al bebé, aparece un hombre. Son símbolos que apuntan a señalar que ningún trabajo o actividad es propia de un sexo", explica el doctor Bonelli.

Agrega que en 1993 se publicó un libro titulado Los Cinco Sexos, porque se consideraba que ya no era suficiente hablar de hombres y mujeres. De acuerdo a sus autores (Fausto-Sterling) existiría entonces el sexo cromosómico (xx y xy), el sexo gonadal (testículos y ovarios), el sexo genital (vagina y pene), el sexo sicológico (cómo yo me siento) y el sexo social (cómo yo funciono).

Sin embargo, el doctor Bonelli destaca que en la actualidad se ha llegado a una síntesis importante. "Dos feministas científicas alemanas, Anita Rieder y Brigitte Lohff, escribieron sobre la Gender Medizin (Medicina de Género), quienes admiten que las diferencias sexuales no están determinadas por patrones socioculturales sino que se fundan en el cerebro, el comportamiento y las funciones cognitivas. Las mujeres, por ejemplo, aprenden a hablar más rápido que los hombres por una razón biológica", aclara el especialista austriaco.

Sustancia gris y sustancia blanca...
Relata además que las diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres fueron constatadas en un estudio de imágenes neurológicas en el que a personas de ambos sexos y con el mismo coeficiente intelectual se les pidió resolver un mismo test. "Se vio claramente que utilizaron distintas áreas del cerebro para trabajar y mientras los hombres empleaban más la sustancia gris, las mujeres usaban más la sustancia blanca de la que depende la conexión entre los hemisferios. En las mujeres la integración es mayor y participan más zonas del cerebro", agrega.

Corporalmente, las diferencias van más allá de las características sexuales y hormonales. Son distintas también la forma en que el agua y la grasa se distribuyen en los cuerpos de hombres y mujeres; el sistema endocrino; los electrolitos, las células sanguíneas, los huesos, el peso, los músculos, el tipo de piel, las enfermedades y la expectativa de vida. "Lo mismo ocurre con los medicamentos, es un tema que está recién estudiándose. Los antidepresivos, por ejemplo, no actúan igual en hombres y mujeres", explica el doctor Bonelli.

El término siquiatría de género es nuevo y establece que existe una diferencia cuando el paciente es hombre o mujer. Las estadísticas ratifican esta teoría. En los trastornos siquiátricos, los varones presentan más adicciones; la esquizofrenia, en cambio, ocurre en ambos sexos por igual; la depresión se reporta en el doble de mujeres que hombres mientras la ansiedad y las crisis de pánico son hasta tres veces más frecuentes en ellas. Por último, la anorexia y la bulimia son hasta nueve veces superiores en las féminas. "Los hombres generalmente están más satisfechos con su cuerpo, a excepción de los homosexuales, y tienen un ideal de forma corporal más diverso. Las mujeres, en cambio, tienen una sola imagen corporal ideal y tienden a compararse siempre con otras mujeres", dice.

"Los hombres tienen más problemas con la sexualidad que con la corporalidad y por eso ellos presentan más casos de exhibicionismo, fetichismo, pedofilia, sadismo, voyerismo, juego compulsivo y desorden en la identidad de género. El masoquismo, por ejemplo, se da 20 veces más en el género masculino que en el femenino", aclara.

También las diferencias en el cerebro marcarían la forma en que se procesa la información durante una terapia. "En una investigación se comprobó que el 50% de los hombres tiene un cerebro sistemático y un 40% de las mujeres tiene un cerebro empático; sólo un 16% de ellas eran sistemáticas. En el área de las funciones cognitivas, el hombre es mejor en imaginación espacial y la mujer en memoria y articulación verbal. No se trata de decir que uno es más o menos inteligente que el otro, sino que tenemos inteligencias diferentes: la del hombre es más matemática y la de la mujer, más verbal", añade.

A su juicio, la siquiatría de género enfrenta dos desafíos importantes: uno es estudiar más los sicofármacos, porque la medicación es diferente de acuerdo al sexo. "Los antidepresivos no actúan igual en hombres y mujeres", acota. Lo segundo está más orientado a diferenciar la sicoterapia según el paciente.

"Es políticamente incorrecto decirlo, al menos en Europa, porque allá la ideología del género es muy fuerte. El problema es que los talentos masculinos son públicamente más valorados que los talentos femeninos, pero así como necesitamos la inteligencia matemática, necesitamos también la empatía; sin ella no podemos vivir en sociedad. Yo creo que la mujer tiene que entender que sus talentos son tan importantes como los masculinos y desarrollarlos. Tengo muchas colegas que cada día se esfuerzan por ser tan sistemáticas como sus colegas varones, eso no es el ideal". Así, mientras al paciente varón le cuesta más expresar sus emociones, al terapeuta masculino le es más fácil resolver que entender o empatizar con el o la paciente.

¿Hay que tomar en cuenta también el sexo del terapeuta?
No se puede dar reglas. Las terapeutas femeninas, por su cerebro empático, entienden mejor, pero tienden a involucrarse tanto en el problema que no saben sistematizar. En mi equipo trabajamos hombres y mujeres terapeutas y se cooperan mutuamente. Hay un terapeuta varón al que todos le dicen ¨la madre¨, porque tiene mucha empatía. El género, en todo caso, es un factor: la relación hombre-hombre es distinta a la relación hombre-mujer. Sin embargo, en el entrenamiento de los siquiatras está considerado que ambos géneros puedan desarrollar las habilidades del otro sexo.

"El problema que tenemos en Europa es que la mujer cree que tiene que hacer exactamente lo mismo que un hombre. Si le preguntas a una niña de nueve años qué quiere ser cuando grande, ella te va a decir que casarse y tener muchos hijos. Si le preguntas a los 18 años va a seguir queriéndose casar, pero ahora te habla de dos hijos y de estudiar una profesión. Si le preguntas a los 25 años sencillamente ya no quiere casarse ni tener hijos sino triunfar en su carrera. Hasta en el plano de la sexualidad quieren igualarnos y eso es tremendamente frustrante para nosotros los varones. Lo atractivo está en la diferencia".

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